06 mayo 2008

LA VIOLENCIA


Hasta hace casi tres años vivía en Los Mochis, nunca había salido de mi ciudad natal hasta que un buen día me armé de valor y me puse a buscar trabajo para poder venirme a vivir a Culiacán, la capital del estado.
Culiacán siempre ha estado envuelta en un halo de violencia... desde que me acuerdo esta ciudad capital ha tenido esa mala fama que se gana a pulso gracias al derroche de violencia en sus calles.
Ahora vivo en Culiacán y quiero decirles que me gusta, es una ciudad tan hermosa y con tantas posibilidades, que es una lástima que sea centro del vicio y la delincuencia, y creo que todos somos responsables de ello.
La violencia empieza por nosotros mismo, todos somos responsables de lo que hacemos y lo que decimos; en mi opinión muy personal creo que hemos periddo lo que nuestros abuelos llamaban "valores"; no sabemos qué es eso ni con qué se come... ¿¿¿???
Hoy en día ¿qué son los "valores"?, ¿para qué nos sirven? y ¿en qué son útiles?...
También hemos perdido el sentido social, nos hemos vuelto individualistas, fuera de nosotros mismo no nos interesa qué le pasa al vecino, es más, ni siquiera lo conocemos porque luego, con este clima tan violento, no sabemos quién es quién, y mejor nos aislamos no vaya a ser un malandrín y luego a nosotros nos vaya peor.
La violencia nos acarrea múltiples males y es lo que le estamos heredando a las nuevas generaciones. Desde los infantes que apenas balbucean sus primeras palabras, pero captan todo en su entorno, como pequeñas esponjas, (aunque los adultos no lo creamos), hasta loa jóvenes, púberes y adolescentes que ya despuntan en la especialización de su "valemadrismo", que al cabo a nadie le importa y ellos son libres de experimentar su juventud como mejor les parezca.
No cabe duda, soy una cuarentona quejándome de las nuevas generaciones... qué se le va a hacer, pero yo quiero vivir, quiero un lugar para vivir tranquila y poder salir y divertirme y caminar por la calle sin el temor de que en cualquier momento se desate una balacera y vaya yo a quedar tendida en la calle y pase a formar parte de las estadísticas criminales que cada mes aumentan en este país, en este estado y, particularmente, en esta ciudad.
Quiero respirar libertad, poder sentirme segura en la ciudad donde vivo... en fin, soñar no cuesta nada. Pero todos podemos poner de nuestra parte y hacer de Culiacán y cualquier ciudad un lugar mejor para vivir.

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